Mitos sobre la inteligencia I


MITO 1: Creer que la inteligencia es única y universal
 
FALSO. En el siglo pasado, se suponía que había solo una sola inteligencia. Según este paradigma, la inteligencia estaba concebida como “capacidad global, estable, cuantificable, heredada y utilizada en todos los procesos de interpretación y adaptación al mundo”. Sostener hoy en día que la inteligencia es una capacidad general y universal implica desconocer los diversos procesos humanos y los aportes hechos por Gardner (1983, 1994) con las 7 inteligencias múltiples y por Sternberg (1996, 1999) con los 3 tipos de inteligencia: analítica, creativa y práctica (De Zubiría, 2013, p.12) 

Mito 2: Suponer que las inteligencias se pueden evaluar mediante pruebas psicométricas 
FALSO. “La creación de las pruebas de inteligencia marcó un hito en la historia de la psicología al dotar a psicólogos y educadores de un instrumento que supuestamente podría evaluar una capacidad tan compleja como la inteligencia” (De Zubiría, 2013, p. 14). Sin embargo, al evaluar un aspecto quedan fuera “otros procesos esenciales como la metacognición, o capacidad para reflexionar sobre el pensamiento, para planificarlo, evaluarlo o reelaborarlo tal como inicialmente lo formuló Flavell (1979)” (De Zubiría, 2013, p. 14). 
La puntuación del coeficiente intelectual solo da cuenta del aspecto evaluado y no de la complejidad de los procesos, ni puede ser considerado un predictor de éxito en la vida. 

MITO 3: Creer que la inteligencia es una capacidad estable y heredada 
FALSO. Según De Zubiría (2013), “El niño llegaba al mundo con un ‘nivel’ de inteligencia determinado que permanecía constante, independientemente de lo que hiciera. En consecuencia, había niños más inteligentes y otros menos inteligentes (p. 15), por lo que la inteligencia se heredaba. Este mito se evidencia hoy cuando se dice lo siguiente: “Este niño es muy inteligente”, para referirnos a unas características propias del sujeto, relativamente inmodificables” (p.15) Sin embargo, esto no es así; “las dimensiones del ser humano son susceptibles de muy altos niveles de modificabilidad” (p.15). 
“No nacemos con los conceptos o las redes conceptuales instaladas en nuestro cerebro, ni tampoco nacemos con las competencias argumentativas formadas. Éstas se desarrollan gracias al esfuerzo, dedicación, desarrollo y lectura; por tanto, son susceptibles de modificación” (p. 15).

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