Mitos sobre la inteligencia II
Podemos recordar algunos enunciados tales como: “Este niño es bien inteligente, se aprendió el largo poema”, “qué rapidez para resolver los problemas de matemáticas, es una niña bien inteligente”, “desde niño sacaba buenas notas hasta que terminó la escuela ocupando el primer lugar”, “en la evaluación psicológica le han dicho que ha obtenido un coeficiente intelectual alto, sin embargo, le cuesta llevarse bien con sus compañeros”. De Zubiría Samper (2013) describe cinco mitos de la inteligencia, los que presentamos a continuación.
MITO 4: Creer que las capacidades intelectuales (CI) tienen una alta participación
en la determinación del éxito académico y profesional
FALSO. De Zubiría (2013, p. 16) señala que “El mismo Terman, al final de su vida,
tuvo serias dudas al respecto y de manera autocrítica llegó a afirmar que variables
de tipo emocional e interpersonal tenían un alto impacto en la determinación
del éxito académico de un individuo” y que en sus propias palabras señalaría lo
siguiente:
Las cuatro características en las que (los grupos de más y menos éxito)
se diferenciaban más claramente eran en la persistencia en la finalización
de trabajos, integración en los objetivos, confianza en sí mismo, y
en carencia de complejo de inferioridad. En el marco total, el mayor
contraste entre ambos grupos estaba en la adaptación emocional y
social, y en la lucha por un fin’ (Terman, 1959; citado por Renzulli, 1996).
Antes que el CI, en el rendimiento escolar de un estudiante tienen un papel mucho
más importante la autonomía, el interés por el conocimiento, la creatividad, la
reflexividad y la resonancia familiar y escolar (De Zubiría y Ramírez, 2005, como
se citó en De Zubiría, 2013, p.17).
MITO 5: Suponer que la inteligencia y el talento solo están en la cabeza y en las
manos del individuo
FALSO. Es falso que la inteligencia y el talento solo reposa en la cabeza o en las
manos de un niño, como se supuso durante el siglo XX.
“Hoy resulta más plausible reconocer un ámbito práxico, otro analítico y otro
socioafectivo de la inteligencia, e infinidad de talentos asociados a los campos de
las artes, la ciencia, la tecnología y las relaciones interpersonales, entre otros” (…)
“Detrás de todo joven con talento siempre encontraremos un padre o una madre
que favoreció una amplia exploración de intereses desde edades tempranas;
siempre se podrán rastrear maestros que supieron concentrarse en los procesos de desarrollo y no en los aprendizajes de tipo particular que han dominado la
escuela desde tiempos inmemoriales” (…) “La inteligencia y el talento dependen
esencialmente de la interacción entre el niño, los mediadores y la cultura” (p. 18).
Y esta conclusión implica que, en sentido estricto, no nacen niños más inteligentes
que otros. Las investigaciones mundiales y nacionales nos permiten concluir que
las inteligencias se desarrollan.


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